La rutina de lo extraordinario. Números que se convierten en dorados cuando esta Selección los toca. Un capitán y un partido muy especial. El 10 y a la vez el 1. El sueño de 50 millones de argentinos vuelve a ilusionar con este debut mundialista: la Albiceleste supero 3-0 a Argelia con tres goles de Lionel Andrés Messi, el máximo artillero de la historia de la Copa del Mundo.

Desde el inicio del encuentro, Argentina controló el ritmo del juego y la posesión de la pelota. Una acción colectiva lo dejó a Leo Messi mano a mano con el arquero, y el 10 no dudó para poner la pelota dentro de la red: sin embargo, la acción fue invalidada por una fina posición adelantada. Con la misma suerte corrió Chaibi, que en la jugada siguiente logró vencer a Dibu Martínez, pero también tuvo que guardarse el grito por fuera de juego.
Argentina seguía intentando. El 10 argentino y su partido 200 con la Celeste y Blanca no podía pasar desapercibido. La defensa rival le dio espacio y Messi hizo lo que mejor sabe: sacó un zurdazo increíble desde el borde del área y puso el partido 1-0.
El conjunto argelino contó con algunas aproximaciones que alertaron a la última línea argentina, pero los de Scaloni lograron mantener el resultado a favor al término de la primera parte.

En el arranque del complemento, Messi y Lautaro tuvieron oportunidades, pero no lograron ampliar la ventaja. El calor de las miles y miles de gargantas argentinas bajaban de las tribunas al campo de juego. El segundo golpe estaba al caer y llegó tras un tiro de media distancia de Mac Allister, que no pudo ser controlado en su totalidad por el arquero Luca Zidane: en el rebote, Leo definió a un toque para el 2-0.
Pero había más. Siempre hay más. Esa zurda todavía se guardaba algo, el récord estaba a la vuelta de la esquina. El tercero de Messi llegó tras una definición exquisita, una más, en la que la pelota se abrazó a la red bien pegada al palo para el estallido final de un país que vuelve a gritar por la Argentina.
Victoria 3-0 en el tan ansiado debut mundialista. Muchachos, ¡ahora nos volvimo’ a ilusionar!




