El nuevo informe del INDEC modificó el escenario político que la Casa Rosada imaginaba para la previa de la visita del papa León XIV. La suba de la pobreza y de la indigencia debilitó uno de los principales argumentos que el Gobierno utilizaba para responder a las críticas sociales y reavivó las diferencias con la jerarquía eclesiástica.

Según los datos oficiales, la pobreza alcanzó al 32,3% de la población, mientras que la indigencia también registró un incremento respecto del semestre anterior. Al mismo tiempo, la actividad económica mostró una desaceleración, profundizando el debate sobre el impacto del ajuste en los hogares argentinos.
Dentro del oficialismo, la defensa del dato quedó principalmente en manos del ministro de Economía, Luis Caputo, quien insistió en comparar la situación actual con el inicio de la gestión y sostuvo que los indicadores sociales continúan siendo mejores que los registrados durante el primer semestre de 2024. Milei, en cambio, optó por concentrar su discurso en los avances de la reforma del Banco Central y evitó poner el foco en las cifras de pobreza.
La Iglesia mantiene desde hace meses una postura crítica sobre las consecuencias sociales del programa económico. Obispos y referentes pastorales volvieron a reclamar mayor atención sobre el trabajo, la alimentación, la vivienda y la situación de los sectores más vulnerables, una agenda que cobrará aún más protagonismo cuando León XIV visite el país en noviembre.
En ese contexto, cada nuevo indicador económico comenzará a leerse también desde una dimensión social y pastoral. Mientras el Gobierno sostiene que la recuperación llegará de manera gradual, la Iglesia insiste en que la verdadera medida del crecimiento debe reflejarse en la vida cotidiana de las familias argentinas.